se duerme, son, se diría, lenocinios
de poca monta, al por menor.
Remolonea el humo: el humo
es el manto con que el horror se cubre,
trae sabores a rescoldo y quema.
Galopan los caballos, alzan diminutas flores
antes de desvanecerse o mientras
a uña de espanto. Algo se perdió. No
por deshacerse en nada, sino por el morirse
cuando amor vivía. Hay encendimientos
que no se consumen nunca, rangos
del yo que se salieron de si, tús
devenidos puerta al desorden para un orden otro
de mucha más amplitud. Abrir las ventanas
sería por entero inútil: el humo se irá,
pero este fuego se abrasa de un O2 mayor, y no ha
la carne la bastante fuerza para llevarlo afuera.
Grita el orden del mundo, se espanta, sabe
que el desorden es esa serpiente muda
que habla al oído y dice: anida en cada dorado ser
un eco de la gloria.