Suponemos que hay
algo, esas montañas
ahí, las aguas que nos traen, la cifra inmensa
de chinchetas de luz en alto que dejan
a los ojos verlas, las gentes tantas.
Y sin embargo, alguien muy serio dijo: ¿podemos
dar por seguro que cuando no miramos
todo continua ahí? Los nuestros, tan resabidos
ojos, hoy ya no miran, ven. La lengua pedante
dice saber, pero es lo propio sólo
del microespecializado traductor al que le suponemos
entender cierto. ¿Pero del saber grande, quién
hace guardia? ¿Quién da y se da sin que,
comercio fuera, reciba a su vez y a cambio?
¿Quién llora por el lloro del ojo ajeno? ―Véase
que de todo amor se habla―. ¿Quién
se pregunta o pregunta el porqué de sollozo tanto?
Hay, porqué hay quien sufre o goza o pierde.
Nunca será nadie colmado. Por eso,
no tiene el deseo fin. Por eso hay siempre hay.
ahí, las aguas que nos traen, la cifra inmensa
de chinchetas de luz en alto que dejan
a los ojos verlas, las gentes tantas.
Y sin embargo, alguien muy serio dijo: ¿podemos
dar por seguro que cuando no miramos
todo continua ahí? Los nuestros, tan resabidos
ojos, hoy ya no miran, ven. La lengua pedante
dice saber, pero es lo propio sólo
del microespecializado traductor al que le suponemos
entender cierto. ¿Pero del saber grande, quién
hace guardia? ¿Quién da y se da sin que,
comercio fuera, reciba a su vez y a cambio?
¿Quién llora por el lloro del ojo ajeno? ―Véase
que de todo amor se habla―. ¿Quién
se pregunta o pregunta el porqué de sollozo tanto?
Hay, porqué hay quien sufre o goza o pierde.
Nunca será nadie colmado. Por eso,
no tiene el deseo fin. Por eso hay siempre hay.
La curación del ciego, El Greco