Friday, August 22, 2025

Reducción fenomenológica (casi) a pie de calle

 

Anochece, y aun si se ensombrece el mundo,
bien a pesar del mundo iluminado de los fastos,
la claridad se da reposo en los humedales
del sueño. No siempre. A veces, el asta del auriga
que desde toda eternidad te cerca
en esa tu Troya de baldosín, perfora el muro,
o había una brecha en él, pues no fueron
tales murallas hechas para tan expertos hierros,
y las quiebra. Tanto es frágil el corazón
en su interior morada. Se producen en ese instante
estragos, quizás cicatrizados luego, que dejan
señal con boca, donde de vez en cuando
el grito grita, y así, estripa la carne el hierro,
o le espanta, a un yo, que lo haga.
Después, renace el día, y se asemeja todo
al infantil temor de qué la madre desnuda de inmediato
al niño; sólo que ya no está. Retoman con la luz
el pulso los corazones frágiles. Los ojos
acumulan lo que a diario resisten, brillan, incluso,
cuando una mano se tiende, nueva o que en algún momento
fue. Al fin, el yo mínimo y nunca idéntico a si mismo
del que tiembla y anda, vuelve al redil de la paz.

 



Un mundo, Angeleta Santos





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