Friday, January 24, 2025

Dilatación

 

El estanque es pequeño, ni el señor
de los vientos podría levantarle el agua.
Ésta, al parecer, es la paz
a la que una vida aspira al decir de tantos,
no por el cuerpo mismo del agua,
sino por lo que el agua salpica,
basta, para ello, someterse a lo liviano
de las altas presiones de un mundo
en permanente vela. Más allá,
es de suponer, se extendería el terror,
su reino de no saber, aun si
con luces presentidas, lejos. Luego callar,
no decir, con el sentido, palabra,
o con ella haberlo. Vienen,
las palabras, cargadas. Son, cuando la verdad
es sueño, la primera puerta a abrir,
la del espanto, su quedar atrás. Después,
puede que suban y nos sumerjan las aguas. 





El caminante sobre el mar de nubes, C. D. Friedrich




Tuesday, January 7, 2025

Sapiens

 

Cesó la lluvia, esa que se nos cuela
sin ser notada o arrasándonos a veces
pulmones y carnes metálicas abajo,
torrente en cuesta, ¿y qué?
nos preguntó al paso (al paso…),
si ni siquiera vimos que había ese nubarrón
enorme, espeso, casi una encina
encima, a la manera de aquel invertido
árbol de bocas claveteadas al cielo
tantos siglos deshechos ya,
oceánico y de lo eterno pleno,
pues las aguas nos fluyen o las fluimos
de estos acuíferos que nos llenan
sin casi llegarlo a saber. Mas
casi nunca alzamos nuestros poco elevados ojos
de lo que, siempre oscureciéndose ahí,
tenebroso (se dijo, nube),
tomábamos por ya el hematocrito
consubstancial a la deriva lógica
y al progreso constante del humano saber.

 






Wednesday, January 1, 2025

Mesiánica

 

Podríamos, lugar cualquiera
es bueno, hablar del sufrimiento,
ahora, aquí. No del dolor
de un cuerpo, su encogerse abrupto,
durable a veces, el agudo grito
que da. Éste
es el carámbano del que nos deshacemos
con el sudor de la molécula
o el filo mudo del ejecutor. Del otro
hablamos, del que padece un humano ser
por obra de otro, un viviente por mano
de quien es su igual o debiera
serlo. Tampoco del sufrir de hoy,
pues a éste podríamos ponerle fin
si propósito hubiera.
Hablamos de la pasión injusta
que orgasmos exacerbados de yos,
desoladoramente múltiples,
infligen a otros, en su inicuo tenerse en acto,
desde que lo vivo es vivo ―¿hubo
algún otero de femenina, luego más justa
humanidad?―, de tanta pues exacción
sobre la que lo envuelve vida.
Algo divino estaría aquí en falta:
la imposible posibilidad de una palabra última
que hiciera justicia al acumulado horror.
¿Pero cabría en qué boca tanto poder oral?
Todo lo que puede oírse, calla. 




El juicio final, de Michelangelo





Aufheben

  Hablamos. Decimos, somos seres humanos. Señalamos. Ese hombre, esa mujer, ahí, con nombre habla sangre hueso carne, piensa y siente, n...