Cesó la lluvia,
esa que se nos cuela
sin ser notada o arrasándonos a veces
pulmones y carnes metálicas abajo,
torrente en cuesta, ¿y qué?
nos preguntó al paso (al paso…),
si ni siquiera vimos que había ese nubarrón
enorme, espeso, casi una encina
encima, a la manera de aquel invertido
árbol de bocas claveteadas al cielo
tantos siglos deshechos ya,
oceánico y de lo eterno pleno,
pues las aguas nos fluyen o las fluimos
de estos acuíferos que nos llenan
sin casi llegarlo a saber. Mas
casi nunca alzamos nuestros poco elevados ojos
de lo que, siempre oscureciéndose ahí,
tenebroso (se dijo, nube),
tomábamos por ya el hematocrito
consubstancial a la deriva lógica
y al progreso constante del humano saber.
sin ser notada o arrasándonos a veces
pulmones y carnes metálicas abajo,
torrente en cuesta, ¿y qué?
nos preguntó al paso (al paso…),
si ni siquiera vimos que había ese nubarrón
enorme, espeso, casi una encina
encima, a la manera de aquel invertido
árbol de bocas claveteadas al cielo
tantos siglos deshechos ya,
oceánico y de lo eterno pleno,
pues las aguas nos fluyen o las fluimos
de estos acuíferos que nos llenan
sin casi llegarlo a saber. Mas
casi nunca alzamos nuestros poco elevados ojos
de lo que, siempre oscureciéndose ahí,
tenebroso (se dijo, nube),
tomábamos por ya el hematocrito
consubstancial a la deriva lógica
y al progreso constante del humano saber.
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