Ese polvo no es
nada, de ahí
sus funebreros usos, su no llevar crueldad
ni inocencia ningunas. Hollado,
encamina a muros, esos pied-à-terre
de lo divino en la creación, aunque, ¿cuándo hizo,
la palabra, justicia a los que tanto veían
ojos? Cartujos, ¿sed de qué?,
rojas doradas vides alrededor. Si la tocas,
la piedra renace, sabe, universos
que quiebran el discurrir desde el inicio,
le dan remanso, sosiego. Amor
recostóse aquí, dejó su huella; sigue
aun ahí, como vacío intacto:
irse al otro no es sino abrir la puerta al pulso
demasiado del corazón, desembocarlo
en ese sin fin río que se absuelve
yo enajenado ya, fuera de sí,
deseo el más inepto a lo sacio pues sería,
se ha oído decir, el primer nacido
de Adam Kadmon, el útero del tú y el yo que somos.
sus funebreros usos, su no llevar crueldad
ni inocencia ningunas. Hollado,
encamina a muros, esos pied-à-terre
de lo divino en la creación, aunque, ¿cuándo hizo,
la palabra, justicia a los que tanto veían
ojos? Cartujos, ¿sed de qué?,
rojas doradas vides alrededor. Si la tocas,
la piedra renace, sabe, universos
que quiebran el discurrir desde el inicio,
le dan remanso, sosiego. Amor
recostóse aquí, dejó su huella; sigue
aun ahí, como vacío intacto:
irse al otro no es sino abrir la puerta al pulso
demasiado del corazón, desembocarlo
en ese sin fin río que se absuelve
yo enajenado ya, fuera de sí,
deseo el más inepto a lo sacio pues sería,
se ha oído decir, el primer nacido
de Adam Kadmon, el útero del tú y el yo que somos.
Cartoixa de Montalegre