Todo está aquí, se
ofrece
a nuestros ojos a modo de durable
ser. ¿Lo es? De lo invisible,
hablamos. Abrir bien los ojos, hundirse
en ellos, y con ellos entrar en ese no verse,
detrás, debajo, más allá o tejido
en el hilo finísimo con que esquiva y se resiste
al tacto; digámoslo, los dedos ven,
el ojo canta. No perfora
la palabra otra, ni ésta lo perfora a él,
pero abre una brecha
por la que penetra o se insinúa
un vacío de inmensidad poblado, una nada,
que anhelo y otro identifican
como el no dentro donde se suelve amor
en lo vasto de tú y yo, en lo que excede,
traducido más que nacido de la lengua del ángel.
a nuestros ojos a modo de durable
ser. ¿Lo es? De lo invisible,
hablamos. Abrir bien los ojos, hundirse
en ellos, y con ellos entrar en ese no verse,
detrás, debajo, más allá o tejido
en el hilo finísimo con que esquiva y se resiste
al tacto; digámoslo, los dedos ven,
el ojo canta. No perfora
la palabra otra, ni ésta lo perfora a él,
pero abre una brecha
por la que penetra o se insinúa
un vacío de inmensidad poblado, una nada,
que anhelo y otro identifican
como el no dentro donde se suelve amor
en lo vasto de tú y yo, en lo que excede,
traducido más que nacido de la lengua del ángel.
Clau del foc, Antoni Tàpies
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