Establezcamos
nuevas reglas: nadie
dará sus ojos a nada sin haberlo visto antes
con claridad, lupa ninguna sirve.
Se sabe, los ángeles no tienen nuestros ojos,
pero ven, en nuestras lejanías, mejor.
Y están ahí, aunque hayamos renunciado a verlos.
Puede que en lo afecto a leyes y regularidades
de cuanto hay entre el suelo y los astros
no haya para un ángel lugar,
pero nuestro reino, en decir recto, no es de este mundo,
pues nos fue dada palabra a modo de habitación,
y amor, de mobiliario para habitarla.
dará sus ojos a nada sin haberlo visto antes
con claridad, lupa ninguna sirve.
Se sabe, los ángeles no tienen nuestros ojos,
pero ven, en nuestras lejanías, mejor.
Y están ahí, aunque hayamos renunciado a verlos.
Puede que en lo afecto a leyes y regularidades
de cuanto hay entre el suelo y los astros
no haya para un ángel lugar,
pero nuestro reino, en decir recto, no es de este mundo,
pues nos fue dada palabra a modo de habitación,
y amor, de mobiliario para habitarla.
L'àngel del cor i la llar, Max Ernst
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