¿Qué es un
cuerpo?, un yo, y algo más:
el hogar donde prende amor para que se sientan
piel, cabello, glúteo, la indecente abertura
de la boca, poza de asaetamiento y succión, hueco
del que afloran verbos de voz minúscula
y otros de sentido axial; dice: tú me diste yo
sólo para el naufragio de quien se sabe en ese océano
inmenso, llama y predio, en que se inflama
de nuevo la vida, la sin orillas agua
ni espacio ni tiempo donde todo nace y muere
y encarnece otra vez, objeto o sujeto
o cósmico saberse o esa pavorosa, no existente,
pero real, absoluta nada.
¿Podría, amor, flotar sobre tan ascuas aguas?
¿Qué vela las hendiría, qué viento?
¿Habría un puerto de partida o llegada
que enarbolara el río de pañuelos que muestra amor
por los que acoge o marchan?
¿Cuál fuera la razón de ese tan alto
como obsoleto lujo del guía polar si fuera sólo
boya entre centenares millas?
¿No es, amor, el ruedo sin radio ni límite,
tan siempre final como de éste el principio?
Yos dados a serse en los sí mismos otros u otro,
trapecios sobre vacíos o, quién sabe,
algo vibrátil, de nombre vida o conciencia o divino amor.
el hogar donde prende amor para que se sientan
piel, cabello, glúteo, la indecente abertura
de la boca, poza de asaetamiento y succión, hueco
del que afloran verbos de voz minúscula
y otros de sentido axial; dice: tú me diste yo
sólo para el naufragio de quien se sabe en ese océano
inmenso, llama y predio, en que se inflama
de nuevo la vida, la sin orillas agua
ni espacio ni tiempo donde todo nace y muere
y encarnece otra vez, objeto o sujeto
o cósmico saberse o esa pavorosa, no existente,
pero real, absoluta nada.
¿Podría, amor, flotar sobre tan ascuas aguas?
¿Qué vela las hendiría, qué viento?
¿Habría un puerto de partida o llegada
que enarbolara el río de pañuelos que muestra amor
por los que acoge o marchan?
¿Cuál fuera la razón de ese tan alto
como obsoleto lujo del guía polar si fuera sólo
boya entre centenares millas?
¿No es, amor, el ruedo sin radio ni límite,
tan siempre final como de éste el principio?
Yos dados a serse en los sí mismos otros u otro,
trapecios sobre vacíos o, quién sabe,
algo vibrátil, de nombre vida o conciencia o divino amor.
Adan y Eva, Albert Durero
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