Tengo a alguien
en el puño,
aprieto un poco más y dejará
de ser. ¿Quién vendría a arbitrarme
en juicio? Yo soy el fuerte. El más.
Abajo, lo no dicho decae en un siendo
real. Una entropía instantánea
con raudales de sangre se precipita:
cuantos eran, ya no. Hay, dicen,
madres huérfanas que reviven monstruos.
Puede que entendamos mal: nunca
remontará a vida justiciar algo,
aun si hacerse deba. Nada
crece, quizás, de cierto sin perdón.
¿Requiere, pues, salvar lo humano, que el yo
se exilie de si? Lo oscuro ensombrece,
a los ojos, lo que ya estaba ahí. Sin sitio.
aprieto un poco más y dejará
de ser. ¿Quién vendría a arbitrarme
en juicio? Yo soy el fuerte. El más.
Abajo, lo no dicho decae en un siendo
real. Una entropía instantánea
con raudales de sangre se precipita:
cuantos eran, ya no. Hay, dicen,
madres huérfanas que reviven monstruos.
Puede que entendamos mal: nunca
remontará a vida justiciar algo,
aun si hacerse deba. Nada
crece, quizás, de cierto sin perdón.
¿Requiere, pues, salvar lo humano, que el yo
se exilie de si? Lo oscuro ensombrece,
a los ojos, lo que ya estaba ahí. Sin sitio.
Protoesquema, Maruja Mallo
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