Por entre multiplicidades
de verde y roca, el río de los años
se arremansa, en arco, en campana,
encalla en piedra que meteoros
de vuelo escaso y paciencia sin fin
liman, o con la que, tal vez, conversan:
te doy el tiempo, o, se acaba.
Nadie podría sin riesgo de ningún tipo
dar un sí absoluto al qué, cómo y por qué
algo es o así aparece: hoy somos
nosotros; mañana, nosotros mismos,
seremos otros. Sucede,
o puede incluso que acontezca,
que este detenido pétreo tiene del bronce voz,
en el aire ancha: quién sabe, quizá
un oído oiga y encuentre
en el espasmo del dong tiempo
fuera del tiempo, ya no lugar, algo, aun si
casi nada.
de verde y roca, el río de los años
se arremansa, en arco, en campana,
encalla en piedra que meteoros
de vuelo escaso y paciencia sin fin
liman, o con la que, tal vez, conversan:
te doy el tiempo, o, se acaba.
Nadie podría sin riesgo de ningún tipo
dar un sí absoluto al qué, cómo y por qué
algo es o así aparece: hoy somos
nosotros; mañana, nosotros mismos,
seremos otros. Sucede,
o puede incluso que acontezca,
que este detenido pétreo tiene del bronce voz,
en el aire ancha: quién sabe, quizá
un oído oiga y encuentre
en el espasmo del dong tiempo
fuera del tiempo, ya no lugar, algo, aun si
casi nada.
(El Angel de Klee)
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