Wednesday, March 12, 2025

Así hablaba S.

 

Quedamos en algún punto entre el desierto y el solar del dátil. Tiende, la palabra, esos efímeros aun si resonadores puentes por donde transitan los yos exhaustos o en los bordes de si: siete veces siete vienen los soles a revelar la arena; siete veces siete  la cubre lo umbrío en los repliegues de su luz. Ahora y aquí, nos entramos en estos tú, momentáneamente ahí, por los ojos, que ya no son como ascuas, sino remotos huecos de alborozados tiempos, ayer o anteayer o nunca: la certeza del recuerdo la fija sólo lo inmune hecho trizas del deseo de hoy, o el duelo del que hubo de morir al poco de nacer. Pareciera no haber nada, en nuestro discurrir exiguo como alientos vivos, superior en hermosura al quebrarse visible de esos seres que siempre estuvieron sobre el abismo ya. Mas, los sus ojos están ahí, a escasos centímetros de los tuyos:  podrías con el diente empezar a morderlos si no fuera por el mero formulario surrealista del gesto, que no desnuda verdad ni la acerca, pues no se devoran los cuerpos a la manera del ansia:  habría de hendir el pecho el duro pedernal de ser necesario y ofrecérselo al otro, para que se confundan las sangres en una autopista abierta de roja infinitud. De esto hablaba Stockhausen mientras se debatía con las vísceras a cielo abierto del piano. 





El profeta, Pau Gargallo



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