Se suceden los días. Amanece
y casi al mismo tiempo la noche cae. Enmedio,
ha habido restos, temblores, horas
de las que minutamos,
sucesos grandes o de volumen menor,
y mucho, mucho abajamiento
de lo que debieran ser las gruesas marejadas
del corazón. Un corazón es un océano;
no alberga sólo oxígeno y micras
de pura necesidad, le son fundamentales
las aguas de la creación,
de lo que, fuera del tiempo de número y medida,
hiere y puede, incluso, que lo haga arder,
digamos, alzarse en armas
contra la administración cruda de un mundo
que torna cuanto sucede en acomodaticia barbarie.
y casi al mismo tiempo la noche cae. Enmedio,
ha habido restos, temblores, horas
de las que minutamos,
sucesos grandes o de volumen menor,
y mucho, mucho abajamiento
de lo que debieran ser las gruesas marejadas
del corazón. Un corazón es un océano;
no alberga sólo oxígeno y micras
de pura necesidad, le son fundamentales
las aguas de la creación,
de lo que, fuera del tiempo de número y medida,
hiere y puede, incluso, que lo haga arder,
digamos, alzarse en armas
contra la administración cruda de un mundo
que torna cuanto sucede en acomodaticia barbarie.
August Puig, Senset títol
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