No existe la
tiniebla, es sólo
que se obnubilaron los ojos a la luz.
Porque los ojos se ciegan, extravían
caminos, los confunden, mienten
incluso a quien sólo con ellos ve. Puede
que anhelemos una revelación,
un pathos sin pecado original: no trae,
el sueño, la muerte a nadie; el tiempo, sí. Llegar
a tiempo, fuera del que medimos ya, sería,
entonces, revelarse carne de esa otra
que no sangra en rojo, sino que es amor dándose a ser,
como un Dios que muere para poder vivir.
que se obnubilaron los ojos a la luz.
Porque los ojos se ciegan, extravían
caminos, los confunden, mienten
incluso a quien sólo con ellos ve. Puede
que anhelemos una revelación,
un pathos sin pecado original: no trae,
el sueño, la muerte a nadie; el tiempo, sí. Llegar
a tiempo, fuera del que medimos ya, sería,
entonces, revelarse carne de esa otra
que no sangra en rojo, sino que es amor dándose a ser,
como un Dios que muere para poder vivir.
Noche estrellada, Vincent van Gogh
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