Soñaba. En el sueño
eras un río de aguas arriba y de debajo
de aguas, a la espera de lo que no cabe
esperar nada, incluso si es verdad
que hacerse haya contra razón
de sensato ser porque es incólume al deseo,
el grito o el llanto de quien va pero nunca,
por más que lo intente, llega: no tiene lo amado
lugar cuando todo lugar lo ocupa el posible
demostrarse falso. Estaba, en ese
onírico espesor yacente, en aquietada espera
hasta que viniera a ti. Y yo no iba: el sismo
licúa el deseo y lo esparce en diminutas
gotas de pavor, caídas: el otro respiraba aún.
Materia en ebullición perpetua,
la ausencia se asemeja al brillo de cuanto,
en el desierto ordinario, deslumbra, pero engaña.
Soñaba. O sueño. ¿Quién sabe qué? Séame
eras un río de aguas arriba y de debajo
de aguas, a la espera de lo que no cabe
esperar nada, incluso si es verdad
que hacerse haya contra razón
de sensato ser porque es incólume al deseo,
el grito o el llanto de quien va pero nunca,
por más que lo intente, llega: no tiene lo amado
lugar cuando todo lugar lo ocupa el posible
demostrarse falso. Estaba, en ese
onírico espesor yacente, en aquietada espera
hasta que viniera a ti. Y yo no iba: el sismo
licúa el deseo y lo esparce en diminutas
gotas de pavor, caídas: el otro respiraba aún.
Materia en ebullición perpetua,
la ausencia se asemeja al brillo de cuanto,
en el desierto ordinario, deslumbra, pero engaña.
Soñaba. O sueño. ¿Quién sabe qué? Séame
yo el carbonero que mata por
caridad al miope impío.
La persistencia de la memoria, Salvador Dalí
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