Desde aquí, el recuerdo en el
cristal declina.
Se sabe, hay un
tiempo para cada cosa;
si es así, ¿ya no queda? Queda algo,
blancos ciegos, cales que se diluyen, ojos
de escarcha, una puerta, pasos
en sobresalto, sentir el espacio inmenso
que se abre con el otro otro mientras lo vacía
el aire o baja o lo envuelve o roza.
Después, todo en el universo cambia, no
por haber enloquecido sus leyes, esas regularidades
de un solo, quizá, singular, sino porque sólo
lo humano de la nada ahíto, tus y yos
ya sin costuras, en lo sin principio ni fundamento
alzado, se reconoce en deseo o vertiginosa
ave que a veces denominamos vida o infinito
o, de modo más discreto, a ras de tierra
en cruda carne viva, amor. Ella
era entonces agua sin desembocadura aún,
sólo que remontó el subsuelo de súbito,
el hambre infatigable de ese manto frío y negro
y sin fin, y mientras caía, el agua volviose
vapor y micra y en los ojos, manchas.
―Dura el llanto poco, contra lo que pensarse pueda― .
Se hizo, amor, carne en ti y en mí, el dolor a tope.
si es así, ¿ya no queda? Queda algo,
blancos ciegos, cales que se diluyen, ojos
de escarcha, una puerta, pasos
en sobresalto, sentir el espacio inmenso
que se abre con el otro otro mientras lo vacía
el aire o baja o lo envuelve o roza.
Después, todo en el universo cambia, no
por haber enloquecido sus leyes, esas regularidades
de un solo, quizá, singular, sino porque sólo
lo humano de la nada ahíto, tus y yos
ya sin costuras, en lo sin principio ni fundamento
alzado, se reconoce en deseo o vertiginosa
ave que a veces denominamos vida o infinito
o, de modo más discreto, a ras de tierra
en cruda carne viva, amor. Ella
era entonces agua sin desembocadura aún,
sólo que remontó el subsuelo de súbito,
el hambre infatigable de ese manto frío y negro
y sin fin, y mientras caía, el agua volviose
vapor y micra y en los ojos, manchas.
―Dura el llanto poco, contra lo que pensarse pueda― .
Se hizo, amor, carne en ti y en mí, el dolor a tope.
Sense títol, Joan Ponç
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